DISOLUCION DE LA LUCHA

 

 

De la conciencia colectiva a la ruptura legal en el asesinato de Carlos Fuentealba. Pagina 12, Kirchner y Sobisch responden a una misma identidad

 

El discurso de la legalidad como una verdad a al cual remitirse para obrar, deja la cínica sensación de ver divididas a las personas entre un “todos” y un “aquel”. Es el engranaje de la maquinaria social para incluir o excluir, de acuerdo a la conveniencia de quienes están en el poder.

Un artilugio común es hablar de legalidad, de constituciones, leyes y otras barreras para dejar en el absurdo el argumento de un reclamo social, con ello se logra la criminalización de la protesta social y principalmente la anulación de la autonomía.

Una lucha no cesa por la destrucción física, sino por quebrar la voluntad de quien la lleva a cabo, esto es posible por el convencimiento de que es necesario un marco legal que debe ser sostenido por fuerzas de represión. La maquinaria estatal aprieta tanto que el marco legal es desbordado y se produce el “exceso”, eufemismo del discurso del poder para denominar la violación de la ley.

Jorge Sobisch, candidato a presidente utiliza ese término para referirse al asesinato de Carlos Fuentealba que quedó impune, incluso en medios de comunicación dueños de las grandes agendas, que el 4 de abril por la mañana, horas antes de que hiriesen al docente neuquino, titulaban: “la policía despejó la ruta cortada por manifestantes”. Ello demuestra su alineación con el poder.

En el auge de la protesta, el sábado posterior a la muerte del docente, se planteó la renuncia de Sobisch como principal exigencia para que los gremios se acercaran al gobierno a dialogar. Desde el campo social se enarboló una lucha que trascendió el reclamo salarial, para convertirse en una exigencia por justicia y la caída del gobernador.

Los medios de comunicación fieles a sus intereses evitaron hacer del tema un problema nacional. Estaban cerca las elecciones a jefe de la ciudad de Buenos Aires, y nadie quería que la sangre de Fuentealba le salpicase la camisa. Sobre todo el pichón de pingüino Filmus, Ministro de Educación, que meses antes dijo a la prensa, junto al gobernador de Buenos Aires, Felipe Solá, que los docentes eran extorsionadores y violentos.

El discurso toma el rumbo que el partido justicialista históricamente siempre le ha dado, la búsqueda de un enemigo dentro de si mismo. Así como el asesinato en el 2002 de Darío Santillán y Maximiliano Kosteki fue adjudicado, por el poder reinante, a “un loco”, el comisario Alfredo Franchotti, el gobernador de Neuquén, fiel a sus orígenes peronistas, responsabilizó del asesinato de Carlos Fuentealba, a “un loco” que cometió “un exceso”, el cabo José Poblete. Para los que están a cargo del Estado, la culpa es de las fuerzas de represión, que ellos mismos mandan a actuar.

No ha sido una institución, ni un sistema, no un conjunto, ni un grupo de poder, sino un particular. La represión y el asesinato, fueron justificados desde lo general, se apeló, desde el poder, a un discurso de un “todos”. Por ejemplo: “todos tenemos derecho a circular”, “todos apoyan que se respete las leyes”. Cuando el Estado mata, se justifica desde el discurso a la inversa, desde lo particular, por ejemplo: “buscamos el responsable del asesinato”, “ha sido un loco que cometió un exceso”.

El caso golpea principalmente a Sobisch, pero también a Daniel Filmus, Ministro de Educación de la Nación. Por ello el primero en pronunciar palabras es Alberto Fernández que instala la discusión de si el problema es provincial o nacional, y habla de que “existe autonomía de provincias”, frase que inunda los medios de comunicación oficialistas. Aprovecha de este modo una lógica perversa que hace suponer que quien piense lo contrario o no acepte esta postura, está a favor de Sobisch. Lo que el oficialismo no menciona son las seis provincias que están en las mismas condiciones respecto a los salarios de los docentes, donde en dos de ellas, antes del asesinato de Fuentealba, hubo marchas y represión, como en Salta y Santa Cruz. Esta última, la provincia del presidente Kirchner, con zonas incluso militarizadas.

La legalidad en el discurso del poder se usa para excluir e incluir. La protesta social está amparada por un marco legal, pero la represión también. Se entiende que la línea que separa donde termina el derecho de alguien, es donde empieza el del otro. El problema es que desde el poder han corrido tanto esa línea, que es muy pequeño el espacio legal que le permiten al reclamo y cualquier excusa sirve para reprimir amparados en las leyes.

Si la protesta no debe cruzar línea legal es funcional al sistema. Ese mismo sistema es el que provocó que saliesen a reclamar. A su vez las fuerzas de represión del Estado pueden cruzar la línea legal sin ser disfuncionales al sistema, por lo tanto existe una desventaja evidente. Esto lleva a que la única forma posible que se tiene de reclamar y ser escuchado es por fuera del sistema legal, el cual crearon históricamente las clases poderosas para seguir sosteniendo su poderío.

En tanto los medios de comunicación hacen el juego a los poderes, y cada medio tiene su político a defender, la única lucha posible, para que el asesinato de Carlos Fuentealba no quede impune, se debería dar desde las agrupaciones de trabajadores.

ATEN, Asociación de Trabajadores de la Educación de Neuquén, negoció con Sobisch y aceptó lo que este les exigió.

El 3 de abril, ATEN sitió la Legislatura neuquina y no les permitió salir a los legisladores hasta las cinco de la madrugada. Los políticos llamaron a la policía para que los proteja y poder huir. La lucha parecía real. El reclamo social se hizo oír allí donde debe primar la voluntad del pueblo y siempre ha primado la voluntad de los intereses económicos.

El 4 de abril, hirieron a Fuentealba, el 6 murió. Los medios lo tomaron como tema principal, los diarios supuestamente comprometidos con la realidad, dedicaron nueve o diez hojas al tema. Desde todos los sectores populares se pidió la renuncia de Sobisch.

El 18 de abril ATE, Asociación de Trabajadores del Estado, llamó a un paro de 48 horas para exigir, además del antiguo reclamo salarial, la renuncia de Sobisch formalmente, CTRA se sumó. Los hechos hasta ese momento creaban la sensación de que por vez primera las estratagemas del discurso del poder, que históricamente varió de lo particular a lo general y viceversa, caerían. 

Hasta el 23 de abril, ATEN exigió la renuncia de Sobisch y todo su gabinete, para volver a negociar. El 24 de abril, negoció un acuerdo vergonzoso.

ATEN en su dirigencia está compuesta básicamente por el MST, Movimiento Socialista de los Trabajadores y el MIC, Movimiento Intersindicalista Clasista. Ambos apoyan abiertamente a Hugo Yasky, Secretario General de CTA de Buenos Aires. Yasky y Filmus, según varios medios de comunicación, tuvieron una charla a modo de pacto, lo cual es posible, al tener en cuenta que Yasky siempre ha estado vinculado más al poder que a la defensa de los trabajadores de la educación. Prueba de ello es su aparición en los medios de comunicación, responsabilizando solo a Sobisch, y utilizando el mismo discurso que Alberto Fernández, habló de un problema provincial y no nacional.

La base de ATEN, y no la dirigencia, quería continuar con el pedido de renuncia de Sobisch. Paula Carbajal, testigo directa del asesinato de Carlos Fuentealba y miembro de ATEN, así lo explica: “El sector que dirige ATEN decidió negociar con el gobierno de Sobisch. Surgió a partir de una asamblea de base, pero en todas las asambleas anteriores hubo 1200 compañeros, y en la última hubo 1600, o sea docentes que no fueron parte de la lucha, que fueron llamados la noche anterior para que fuesen a votar a favor de negociar con Sobisch. 700 compañeros votaron en contra, y 900 a favor de negociar, claro, hubo 400 docentes demás convocados desde la dirigencia la noche anterior

El documento que ATEN firmó con Sobisch, ha sido una vergüenza en todo sentido, así lo señala Carbajal: “se llegó a un acuerdo donde el aumento del dinero fue mínimo, donde la ley 448/07 que es la ley de emergencia educativa sigue vigente, se anuló para esta instancia pero en las próximas huelgas puede surgir nuevamente, ya que esta ley quita el derecho a huelga en los trabajadores, y no se anuló, simplemente se derogó”.

El MIC, movimiento intersindicalista clasista, que domina la dirigencia de ATEN, publica un texto halagándose a si mismos en el que dice: “El triunfo de las luchas docentes, que debería ser acompañado con un plan de lucha nacional de CTERA, CTA y CGT, implica un formidable impulsó a todas las luchas por el salario. Necesitamos avanzar en al coordinación efectiva de las luchas, para garantizar mayares posibilidades de unidad y de avance de las reivindicaciones obreras y populares. Rendimos homenaje a todos los compañeros caídos en las luchas de nuestra clase y nuestro pueblo”.

Lo cual hace preguntarse acerca de qué triunfo es al que se refieren. Del triunfo de la derecha, del triunfo de Sobisch, del triunfo de Filmus, del triunfo de la maquinaria brutal del Estado.

La información que debería circular en los medios que supuestamente están comprometidos con la realidad social y popular del país, ha escaseado no inocentemente. El diario ultrakirchnerista, Pagina 12, desde la muerte de Carlos Fuentealba hasta el 20 de abril, tenía el caso entre sus páginas principales, reivindicando en cierta forma el pedido de los sectores populares de renuncia de Sobisch. El 24 de abril, cuando Sobisch y ATEN negociaron, sacaron una breve nota en el medio del diario sin preguntarse el porqué. ¿No hubo ni siquiera un solo periodista en todo el diario, que se preguntase porque durante dos semanas ATEN pedía furiosamente la renuncia de Sobisch, y de un día para otro, negociaron cediendo los antiguos reclamos?

Nora Veiras, encargada de la sección de política de Pagina 12, considerada una de las periodistas que más conoce de educación en Argentina, frente a la pregunta de porque Pagina 12 no sacó una nota explicando por qué Sobisch y ATEN negociaron, dijo: “Todo el mundo sabía que Sobisch no iba a renunciar. La demanda era justa pero era irrealizable. Todo conflicto social tiene que tener un límite y después tenés que negociar. No hay forma de que funcione el sistema si no hay una negociación.”

Negó que el diario tuviese intereses políticos o presiones del poder por no haber publicado esa información al respecto y continuó: “Hay un punto en que la comunidad se te pone en contra, ahí tenés dos derechos en pugna, el del trabajador a defender sus condiciones laborales y tenés el derecho a la educación del chico que va a la escuela y tenés a los padres que les cambias no solo la falta de educación de sus hijos sino también la rutina de vida.” 

Nora Veiras negó que existiese un pacto entre Yasky y Filmus, también desmintió que Yasky tuviese alguna influencia en ATEN a quien consideró opositores entre si. Continuó justificando su respuesta: “Asesinaron a este docente lo cual es absolutamente inadmisible, es inadmisible que con tipo con ese prontuario (Poblete) haya estado cargando un arma, ahora también es evidente que llega a un punto que el conflicto tiene que negociar. La verdad que el acuerdo ahí fue por parte de ATEN con el gobierno de Sobisch, creo que eso a Sobisch le marco un limite a sus aspiraciones políticas y por otro lado le implico una mayor cosecha de votos de aquellos sectores que quieren un limite a la protesta social y si ese limite es la represión lo bancan y si ese limite implica el costo de una vida, no están en desacuerdo con Sobisch, esto forma parte de lo que es el sistema y que son intereses que confluyen y uno puede considerar repudiables pero que hacen a la democracia y el conflicto llega un límite que lo tenés que resolver de alguna manera si no se te cae el Estado.”

El mismo discurso que Sobisch utiliza para librarse de responsabilidades del asesinato de Carlos Fuentealba, el mismo discurso que ATEN, desde el MIC, utiliza para negociar con ese poder que eliminó a un compañero suyo, el mismo discurso del periodismo que no investigó mas allá de lo que sus intereses políticos se lo permiten. El discurso de la legalidad. El que separa un “todos” y un “aquel”.

Si no hubiesen asesinado a Fuentealba sería un hecho político mas, una muestra de cómo se hace política en la Argentina, y lo mas grave sería que la Ley 448/07 solo se derogó pero no se anuló. Fuentealba está muerto. El discurso legal amparó una represión brutal, que criminalizó la protesta social. La única opción en la cual hubiese habido un alto a la represión, una punta de lanza hacia una sociedad mas libre, con respeto al reclamo social, debería haber sido la renuncia de Sobisch y su gabinete.

La infamia siempre será la invitada de honor, en los grandes banquetes políticos y más aun, cuando estos están en campaña. Dos aspectos marcados por antonomasia presenta toda disputa electoral: El histrionismo, condensado en la jactancia de lo posible, y la ruindad, que descansa latente a la sombra de la primera.

Jorge Sobisch se presenta como candidato a presidente y está 100 por ciento preparado, su slogan dice que hará lo mismo que hizo en Neuquén, tal vez llegó tarde por que hace años que vienen haciendo lo mismo en todo el país. El discurso legal los ampara y protege.

Si la sangre derramada no fertiliza las raíces del pueblo, para que éste cual aromo se levante desde las condiciones mas adversas en búsqueda de desarmar los engranajes de la maquinaria fatal que lo condena, será el fin de la cultura. Se dejará seguir obrando al desbocado caníbal insensato con sujeción a los preceptos aprendidos por los conservadores.

La voluntad del pueblo nuevamente será bastardeada en el sufragio universal, convencidos que podrán hacer un cambio cualitativo, cuando el viejo clavo oxidado que les envenena el corazón y no les permite realizar una revuelta, seguirá inmóvil deteniéndolo.

No advierte, el pueblo, que si vencido el grito ya vacío que decía: “El pueblo unido jamás será vencido” habrá que enarbolar, con voz de gigante, un nuevo ruido para oyentes conservadores que diga: El pueblo armado, jamás será callado.

Publicado en on Noviembre 26, 2007 at 11:48 pm Dejar un comentario

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