OBEDIENCIA SIN PATRON

 

De las contradicciones en la lucha por la recuperación de empresas.  Brukman como ejemplo emblemático

 

El léxico adiposo del sistema jurídico que funciona a modo de cofradía del morbo está preparado para esquivar con gracia las palabras del teórico anarquista Pierre-Joseph Proudhon, pese a haber concluido con la lógica más estricta que la propiedad es un robo.

La toma de una empresa por parte de los trabajadores levanta en cierta forma la bandera de esa filosofía libertaria, y tal vez por ello, a la maquinaria conservadora le resulte inaceptable bajo cualquier condición.

Por esto se ha inventado una serie de vacuos sofismas que logran aceitar los engranajes del sistema, y una históricamente inigualable cantidad de léxico bochornoso para la voluntad del pueblo se presenta ante nuestro entendimiento para dar explicación convincente ante actos inexplicables.

El acto de la toma, supone una lucha. La toma no puede, al menos lógicamente, entenderse como ataraxia. En la lucha existe un contenido revolucionario, no necesariamente vinculado a una ideología determinada, sino que reside de manera implícita en el acto mismo. En el acto de recuperar una empresa aparece desde el discurso que llevara acabo la acción, dos principales puntas de lanza: la lucha y la igualdad.

Por un lado de pedirá la igualdad representada en este caso por la supresión de la relación empleado-patrón y la lucha será representada por el conflicto permanente de los trabajadores contra el sistema. El sistema mismo buscara lo contrario, el predominio de la desigualdad y el fin de la lucha.

La metodología del sistema busca que predomine la diferencia entre el esclavo y el amo, pero que predomine sin focos de conflicto. Para ello cuenta con el sistema jurídico, la mayor herramienta de sometimiento para destruir la voluntad del pueblo.

La evasión del conflicto es el mayor logro y donde más cómodo se siente el sistema, mediante la utilización del marco legal.

Tomar una empresa presupone, si se tiene una mirada desprevenida, que los trabajadores se adueñaran de las maquinas de producción y del espacio físico, pero no es así.

El trabajador ante la posibilidad de perder su puesto de trabajo reacciona, pero su reacción no es producto de la necesidad de un cambio de rumbo social, sino de una necesidad impuesta cultural y económicamente de vuelta a la relación esclavo-amo. El hombre de trabajo, tras años de explotación, a adquirido una mirada a lo Fukuyama que le arranca cualquier posibilidad de cambio convirtiéndolo fácilmente manejable como el robot alegre del que habla Wrigth Mills.

La decisión de tomar una empresa se ve casi heroicamente por parte de los representantes del pensamiento popular, que imaginan que Sísifo logró romper el absurdo. Sin advertir que Sísifo pelea no para dejar de subir la piedra hasta su muerte, sino para ser el dueño esta piedra, aunque continúe haciendo su trabajo.

Lo hechos demuestran lo expuesto. Los trabajadores al decidir tomar la empresa deben acudir a un agente o promotor, esta figura por generalmente es un abogado. Quien actualmente tiene mas renombre como promotor es Luis Caro, personaje vinculado al Opus Dei, que se presentó en las elecciones del 2002 en la lista que llevaba a Rodríguez Saa y Aldo Rico. En la actualidad está vinculado al kirchnerismo. Luis Caro es idolatrado por la mayoría de los trabajadores de Brukman que firmaron un documento para publicar en la prensa en el 2004, al haber recuperado la fábrica definitivamente.

Brukman tal vez sea el caso más paradigmático de las empresas recuperadas, si se tiene en cuenta que ha girado en torno a su ambiente un aire casi revolucionario, al tiempo que se lo oyó pedir, a los trabajadores, la estatización bajo control obrero. Jamás se consiguió.

¿Por qué no se consiguió el objetivo que los trabajadores originariamente exigieron? Por que el Estado pretende que los trabajadores se agrupen bajo una cooperativa, la cual es una figura aceptada legalmente. Si bien como explica Julián Rebón en Empresas recuperadas, la autogestión de los trabajadores, la elección de la cooperativa de trabajo como forma de organización no presupone una concepción cooperativista, también dice “su elección se debe a que ésta era la forma jurídica preexistente que mejor se adaptaba a los fines perseguidos”.

El pedido de estatización bajo control obrero rompe con el concepto de cooperativa, y los trabajadores perdieron su cobertura legal. El juez los condena. Ordena el desalojo. La represión implícita pasa a ser explicita. Esto genera una constante de lucha en varios planos, incluso el físico, con las fuerzas de represión que el Estado dispone para hacer cumplir el marco legal. La constante represión explicita e implícita que se mantiene en el tiempo, los constantes desalojos, convirtió la voluntad de los trabajadores en fragmentos contradictorios. Abandonaron el pedido inicial de estatización bajo control obrero y lo reemplazaron por un pedido de ley de expropiación temporal, decisión que creó fracturas dentro de los mismos trabajadores de Brukman.

La maquinaria del sistema hizo de los trabajadores un engranaje mas, apaciguo la exigencia, convirtiendola en un pedido. La anuló y la hizo suplica. Ya dóciles y renunciando a las banderas de la lucha e igualdad, la mayoría decidió enarbolar las banderas de la rendición, aceptando que el MNFRT, movimiento nacional de fábricas recuperadas por los trabajadores, liderado por Luis Caro, los personificara, desplazando a los portavoces de la izquierda que antes los representaban.

El MNFRT es el encargado de negociar frente a los legisladores justicialistas para la expropiación de la empresa. Los trabajadores están felices. La mayoría de ellos escriben una carta para comunicar en los medios masivos de comunicación donde se puede leer “Ya lo aprendimos, SER LIBRES, tiene sus exigencias porque siempre nos quieren llevar o por izquierda (PTS) o por derecha (los Brukman) para someternos a sus dictados.

Los trabajadores de Brukman hablan de libertad al conseguir volver a las formas, al ser secuestrados por la maquinaria jurídica que a deshecho su lucha, la ha  domesticado y legalizado.

Amoldados a las figuras que exige el Estado, han recuperado su trabajo, lo cual es logico pues solo por ello han peleado, y no por un cambio de rumbo social y cultural.

El éxito del sistema es rotundo, ha logrado disolver el conflicto, al lograr convertir a un grupo que exigía lo que le corresponde, en un grupo domesticado y servil a las leyes, sumándole a esto, que les impuso la creencia de que son libres.

 Libre, pero esta libertad se parece un poco a la muerte”, como diría Antoine Roquentin personaje principal de La Nausea de Sartre. El Estado a logrado tomar el rol del Prometeo goethiano al expresarle a un grupo de estatuas: “Quédense aquí en buena hora, carentes de vida, pero libres, que yo también siento su libertad”.

La mayoría de los trabajadores a quienes se les ha preguntado sobre que representaba para ellos la recuperación de la empresa contestan que es la recuperación del trabajo, y cuando se les interroga sobre lo que mas valoran contestan en su mayoría la libertad para trabajar en la empresa que antes no tenían por que dependían del patrón.

El trabajador se ha convertido ya en el robot alegre de Wright Mills. Ha renunciado a la filosofía de Proudhon, la propiedad es un robo, o aun peor, jamás la había imaginado siquiera. Su lucha consistió en volver a ser legal, a estar adentro, a ser aceptado por el engranaje jurídico.

El Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires los ve con buenos ojos, La banca les otorga créditos increíblemente flexibles, La gente, y no el pueblo, los admira como luchadores sociales. La ley no los reprime violentamente con la policía. Los medios de comunicación masiva nos los llama usurpadores, expropiadores, sino luchadores que recuperaron su trabajo. Los sindicatos los amparan, lo han logrado, han entrado en el sistema y el sistema los protege.

El marco legal separa, incluye y excluye, marca la línea entre los correctos y los incorrectos. Por un lado es evidente que aun hoy empresas recuperadas son consideradas ilegales, porque no cumplen con la nueva ley de expropiación.

Pero lo más grave reside allí donde han aplacado la lucha y la igualdad mediante las herramientas burocrático-legales. Los trabajadores no lograron comprender que las maquinas les pertenecen y la empresa es de ellos en su conjunto, la cedieron a la burocracia nacional.

No lograron advertir que han perdido la lucha, que son esclavos, es más idolatran a quien les dijo que renunciaran a la lucha para entrar dentro del marco legal.

Aun es imposible que los trabajadores tomen conciencia que la maquina con la que trabajan les pertenece, imposible también que tomen la empresa en donde son explotados y sepan que es suya, sin necesidad de que el andamiaje burocrático les diga que la pueden utilizar. Será imposible que los trabajadores lleguen a comprender que la propiedad es un robo.

Lo más triste será que se disuelva la lucha, por que la capacidad de conflicto, provee la posibilidad de cambio, y  solo vislumbrar un cambio permite la capacidad de soñar. No tener la capacidad de soñar significa no existir.

 

 

Publicado en on Agosto 31, 2007 at 3:29 am Comentarios (1)